miércoles, 13 de noviembre de 2013

Hombres al volante camino de una biblioteca


En los cursos sobre comunicación, los expertos despliegan todo un arsenal de técnicas para alcanzar la necesaria empatía, la habilidad para ponernos en el lugar del otro. Estrategias comunicativas como la nube, el disco rayado, la escucha activa, la asertividad, etc. Pero se olvidan de una técnica de lo más gratificante y sencilla: leer novelas.

Según la revista Science, leer narrativa ayuda a identificar las emociones ajenas, a descubrir otras formas de sentir, en definitiva, a ponerse en el lugar del otro. Si a esto sumamos lo que contábamos en Sheldon Cooper ya lo sabía, sobre los beneficios de leer buena literatura versus mala literatura: está claro que Fernando Savater no puede tener más razón cuando declara que las bibliotecas somos como farmacias, que tenemos remedios para todo mal.  

Lo único que nos falta es que los potenciales pacientes se enteren de lo bueno de nuestra medicina. Las mujeres en este sentido llevan ventaja. Elvira Lindo lo contaba en su artículo: Ellas nos mantienen vivos, en el que relataba su encuentro con mujeres de clubes de lectura, y se preguntaba sobre dónde estaban los hombres lectores. En dicho artículo, recuperaba una reflexión de Ian McEwan que resulta emocionante o preocupante según como se mire: si la novela sobrevive es gracias a la pasión de las mujeres por la psicología humana.

El lacónico conductor de Drive
¿Y a los hombres, no les interesa indagar sobre cómo son sus semejantes? Estereotipos, lugares comunes, que el tiempo debería haber desdibujado, pero que siguen ahí presentes, y que tienen mucho que ver con nuestra próxima Acción artístico-bibliotecaria. Pero hasta aquí podemos leer.

Siguiendo con la reflexión, hace ya dos años, el informe de hábitos de lectura y compra de libros de la Federación de Gremios de Editores, lo dejaba claro: las mujeres leen más libros y revistas, y los hombres se decantan por la prensa, y acaso los cómics.

El inefable Michael Knight de El coche fantástico

¡Vive la différence!, que dicen los franceses, para celebrar las gozosas diferencias entre hombres y mujeres que rigen las leyes de la atracción. Pero para disfrutar plenamente esas diferencias, hay que saber ponerse en el lugar del otro. Y las bibliotecas, como centros de atención primaria, debemos fomentar la lectura desmontando estereotipos. Y en ello estamos. 


Taxi driver o el fanatismo sobre ruedas

Para terminar, un ejemplo práctico. Al igual que en el post precedente, nos subimos a un coche, al volante va un hombre, y el destino: ¿por qué no?, podría ser una biblioteca.

El grupo libanés Mashrou' Leila está compuesto sólo por hombres, son árabes, hacen muy buena música, y hablan en sus canciones de romper convenciones entre hombres y mujeres, de vivir la vida según otras reglas. Si esto no es un mensaje para que todos cambiemos el chip, ¿qué podría serlo?