sábado, 29 de octubre de 2016

La calle es nuestra


"La calle es mía", tras el debate de investidura arrancar con una frase como esta puede sonar provocador, pero tranquilos, no vamos a hablar de política, ni siquiera de urbanismo. El tiempo hace que todo se desvanezca, y es necesario recordar el sentido que tenía esta frase cuando Fraga Iribarne la dijo allá por 1976. Los resabios franquistas de la misma no es necesario evidenciarlos mucho, pero lo que sigue sorprendiendo es su actualidad.

El espacio público como espacio político está más disputado que nunca ahora que los populismos (vengan del signo político que vengan) están en auge y se postulan para defender los intereses comunes. Y ante este panorama, ¿por qué no hacerlo también las bibliotecas?




La hipotética toma de las calles por parte de las bibliotecas sería algo parecido a la acción artística urbana del colectivo artístico Luzinterruptus. Este grupo de artistas basan sus intervenciones en sembrar el asfalto urbano con objetos iluminados de lo más dispar. Iniciaron sus actividades en el 2008 en Madrid, interviniendo espacios urbanos con objetos iluminados que denuncian problemas de los ciudadanos que las autoridades no atienden.

Sus intervenciones se consideraban ilegales, puesto que no pedían autorizaciones municipales para hacerlas (su frase: "Dejamos nuestros destellos de luz encendidos... para que otros nos los apaguen...", lo dejaba claro). Pero en Toronto, que es donde desarrollaron esta invasión libraria, lo han llevado a cabo con todos los permisos en regla. ¿Perderán la carga de crítica social? esperemos que no, lo que no pierden desde luego es su poder de fascinación.




En 2015 instalaron espacios del Madrid nocturno con tapas de váteres iluminados que actuaban como marcos para páginas impresas. Hubiera sido una buena publicidad para nuestra campaña de ¿Lees en el baño?, o una llamada de atención sobre la porquería en que alguno se empeñan a convertir a la cultura; pero en realidad se trataba de una crítica a la conocida como Ley mordaza.


Afortunadamente su acción en las calles de Toronto no admite otra lectura que no sea la del homenaje, la de la reivindicación del poder de los libros que son los que deberían iluminar las calles, y sobre todo, las mentes.

Un momento, como el actual, en que la guerra de las aceras entre peatones, bicicletas, terrazas y otros artilugios rodantes está protagonizando el debate urbano resulta de lo más oportuno que también los libros tomen las calles.





Literatura versus tráfico, así de titula esta intervención de las calles torontonianas gracias a la cual la letra impresa hacía suyas las calles para entregárselas a los peatones, a los lectores. Nos recuerda a lo que decíamos en nuestro BibliOkupa: "colonizando espacios ciudadanos para que nadie se quede sin cultura", y los 10.000 libros iluminados que tomaron las calles de la capital canadiense, en la Noche blanca del 30 de septiembre, son la mejor representación de este eslogan, y la mejor reivindicación del papel de la biblioteca en el espacio urbano.


En mayo del 68 (ese tiempo en el que algunos siguen instalados) se decía que bajo los adoquines de las calles de París había una playa. Tras la intervención de la francófona Toronto se podría decir por encima del asfalto y del cemento siempre deberíamos tener a la literatura.



Literature vs. Traffic. from lmartinez on Vimeo.


Fuente: Ebook Friendly

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