viernes, 4 de octubre de 2013

Librolienzo

Naturaleza muerta con silla de paja (Picasso, 1912)

Fue Picasso, no podía ser otro más que él, quien en 1912 dio otro vuelco a la historia del arte con su cuadro Naturaleza muerta con silla de paja. Un cuadro canónicamente cubista, que en su parte inferior, luce un trozo de hule pegado sobre la pintura. Picasso convertía algo vulgar y cotidiano en elemento artístico. Y como siempre después de una ocurrencia picassiana, ya nada volvió a ser igual.

Plato de fruta y vaso (Georges Braque, 1912),
incluía trozos de papel pintado
Desde entonces el lienzo pasó a ser un soporte más en la obra pictórica, pero desde luego no el único e imprescindible. Se abrió todo un universo de texturas y materiales, e igual que niños con un rotulador sobre los muebles y paredes de una casa: los artistas dieron rienda suelta a su imaginación.

Y algo de infantil hay en la propuestas de la pintora rusa Ekaterina Panikanova, no por la temática en sí de sus obras, sino porque recupera algo tan genuinamente infantil como es dibujar libros. Sus obras son mosaicos de libros abiertos, sobre cuyos relatos impresos, se reproducen las imágenes que surgen de su cabeza.



Si la lectura digital fulminase a la galaxia Gutenberg, está claro que este tipo de reciclaje pictórico, sería una opción de lo más fascinante.Vistas con perspectiva, las obras de Panikanova, varían. Y el significado de la pintura fragmentada se unifica o se dispersa, jugando con las grafías, según nos acerquemos o alejemos de la composición.










Si el arte es estricta observación, la obra de Panikanova nos lo recuerda. Igual que el estupendo vídeo de Fujiya & Miyagi, en el que en este caso son dados animados, los que van conformando dibujos. También jugando con la perspectiva, y creando ilusiones ópticas que los transmutan en píxeles o puntos Ben-Day. Picasso pese a su corta talla, poseía una sombra muyyyyyy alargada que llega hasta nuestros días.