lunes, 20 de mayo de 2013

Bibliotecas de oro

Las chicas de oro: bibliotecarias del futuro
Para algunos, bibliotecas y bibliotecarios somos algo propio de la serie Las chicas de oro (la original americana, no el engendro español), es decir: entrañables pero anticuados, simpáticos pero desfasados. Y cuando a punto estábamos de reservar plaza en Prados soleados (que así se llamaba la residencia de ancianos, a la que Dorothy amenazaba con enviar siempre a su madre Sofía) resulta que según un estudio de una consultora australiana: a los gobiernos les sale más rentable invertir en bibliotecas, que en oro. Y lo argumentan con datos plenamente objetivos.

Dorothy entregando su carné de biblioteca
Si durante el 2012 se hubieran invertido 100 dólares en el dorado patrón, los beneficios este año serían de 110 dólares. En cambio según las estimaciones de SGS Economics: de cada 100 dólares invertidos en bibliotecas, los beneficios para la comunidad se cifran en 290 dólares. Este beneficio se materializa en la formación que proporcionan a los estudiantes, en el apoyo a emprendedores, que gracias a los recursos públicos pueden desarrollar sus proyectos y negocios, en el asesoramiento a parados en la búsqueda de empleo (como nuestra Biblioteca Punto de Empleo) y en tantos otros aspectos que devuelven casi duplicado, cada dólar que se invierte en bibliotecas públicas.


Blanche ligando en la biblioteca
 Así que no es de extrañar que la responsable de la Asociación Australiana de Información y Bibliotecas haya declarado: “Las bibliotecas son tan importantes en la era de libro electrónico como lo han sido en la era del libro impreso. Son lugares donde la gente conecta, encuentra información y explora nuevas ideas” y ello, nos atrevemos a apostillar, incide en el bienestar social, y por ende, en el potencial económico de la comunidad.

Asfixiada en oro

Argumentos de peso para descascarillar esa capa de oro con que algunos pretenden asfixiarnos cual chica Bond en Goldfinger, pintándonos como venerables templos de alta cultura llamados a languidecer en esta liviana, hasta la transparencia, era digital.

Fuente: Alia