viernes, 17 de mayo de 2013

AAAAAAAHHHHH!!!!!!!-SSSSSHHHHHHHHHH!!!!!!!

Todos somos como Homer perdidos en el
cuadro de Munch

 Vaya por delante nuestra ignorancia, pero no sabemos si existe un nombre médico para definir la imperiosa necesidad de gritar a pleno pulmón. Pero si habláramos de patologías típicamente bibliotecarias, ésta sería sin duda una de las que más nos caracterizaría.

Es el efecto de la presión por preservar el silencio en nuestras salas; y aunque en estos días, todos tengamos la imperiosa necesidad de gritar, no es tanto la denuncia como el impulso irracional, el que nos hace añorar el concurso de gritos que dio popularidad en los años 90, al pueblo madrileño de Colmenar de la Oreja.

El concurso de Colmenar ganó popularidad
internacional al aparecer en "La flor de mi
secreto" de Pedro Almodóvar
Por eso, la actividad de Final Scream (Grito Final) de las bibliotecas de la Universidad de La Crosse de Wisconsin en los Estados Unidos, nos produce tanta envidia. Va orientada a los estudiantes, pero para sí la querríamos los bibliotecarios. Como medida antiestrés en periodo de exámenes, las bibliotecas proponen a los estudiantes gritar a pleno pulmón en plan terapéutico, y a los participantes después se les invita a una merienda.

Lo que no dice la noticia es si los participantes gritan algo en concreto, o simplemente se desfogan forzando sus gargantas sin lanzar ningún mensaje al mundo. En caso de hacerlo, a los bibliotecarios no nos faltarían motivos para mugir cual morlacos a punto de embestir.


El Roto siempre poniendo voz a los que no gritan

Claro está, que los impulsos aunque gratificantes y terapéuticos también tiene sus inconvenientes. Solo hay que ver este divertidísimo y galardonado cortometraje de hace unos años, para constatar lo arriesgado e incómodo que en ocasiones puede ser el dejarnos guiar por nuestro sistema límbico.