martes, 19 de febrero de 2013

50 sombras bibliotecarias


El que finiquitáramos la BRMU Bizarra, no quiere decir que renunciemos a lo bizarro. Lo bizarro ahora es una corriente subterránea que discurre bajo los posts, y que en el momento más inesperado, emerge borboteando todo su poder desestabilizador del buen gusto socialmente refrendado.

Y es que siguen apareciendo artefactos (no estamos muy seguros de calificarlos como obras) que nos fascinan. Es el caso de La bibliotecaria de Logan Belle, una novedad editorial cuya sinopsis argumental nos ha erizado el vello:

Regina Finch se ha ganado a pulso su puesto en la Biblioteca Pública de Nueva York. Decepcionada ante lo rutinario de su trabajo en la biblioteca (sólo presta y devuelve obras), recibe el impacto de su vida cuando se topa en mitad de una sala del centro, al apuesto Sebastian Barnes, millonario, fotógrafo y principal mecenas de la biblioteca, copulando furiosamente con una mujer. La escena la desestabiliza enormemente, pero será la espita para la explosiva relación sadomasoquista que a partir de entonces establecerá con Sebastian, y que le hará emular a la reina del bondage de los 50, la pin-up por antonomasia: Betty Page

Podríamos volver a realizar un análisis semiológico como hicimos en la octava entrega de la BRMU Bizarra, y que tanto gustó, pero la verdad es que la portada no da para mucho, es tan obvia la “inspiración” que no merece comentario alguno.


El candado de La bibliotecaria frente a la llave de 50 sombras liberadas

Lo que nos inquieta un poco del argumento, es que el tal Sebastian sea el mecenas de la biblioteca. En este blog hemos anhelado la prometida ley de mecenazgo, para así convertimos en objetos de deseo para empresarios necesitados de ventajas fiscales. ¿Pero y si nos toca uno con las aficiones de Sebastian, y nos reclama su derecho de pernada respecto de nuestras instalaciones? En fin, esto es el cuento de la lechera, pero llegado el caso, no sería cuestión de ponerse puritanos.

Otro detalle que nos ha impactado es que según la portada sea la difunta Betty Page, la que presente la obra. Ya rendimos homenaje a la simpar Betty en los Extras del Pack Bizarro, y no estamos muy seguros de que nos guste verla metida en estos fregados: ¿tendrá herederos que reciban los royalties por el uso de su nombre?

Betty Page recibiendo unos azotes

Pero si el análisis semiótico no da para mucho, en cambio el sociológico resulta de lo más jugoso. No vamos a repetir el manido cliché de que: ¿cómo es posible que después de tanta lucha por los derechos de la mujer, de tanto reclamar un hombre más sensible e igualitario; ahora el deseo erótico femenino se manifieste a través de una historia de sumisión a un macho alfa?




En países con regímenes islamistas estrictos, no parece muy plausible que tuviera éxito esta historia: no se sueña con lo que se tiene en casa cada día. El éxito del erotismo fast food de las 50 sombras entre tantas lectoras circunstanciales (mercadotecnia editorial aparte), tal vez pueda interpretarse como un logro del feminismo, que ha conseguido que las mujeres se sientan los suficientemente libres, como para convertir la sumisión en una fantasía.




En los años 70 con Historia de O, con Portero de noche, o en los ochenta con Nueve semanas y media, la fantasia de dominación se mantuvo vigente, y curiosamente basándose  en dos novelas escritas por mujeres, y en una película dirigida por otra mujer. Por ello, puede que si alguien recuerda las 50 sombras en el futuro, no será desde luego por su altura literaria, ni siquiera por sus ventas: sino por ser la prueba de que en Occidente, la lucha por los derechos de la mujer dio sus frutos.

O eso al menos, es lo que nos gustaría llegar a creer, aunque suene retorcido, para sacar algo en positivo de esta moda editorial, que no literaria.