jueves, 27 de septiembre de 2012

BRMU Bizarra. Séptima entrega


Makoki, sólo para caníbales

Adquirir la condición de bizarro, en muchas ocasiones, es simplemente cuestión de tiempo (insistimos: bizarro por asimilación con el término inglés y francés) Lo que en un tiempo resultaba lógico según los parámetros del buen gusto asumido por la mayoría (o al menos una minoría influyente), pasado el tiempo se transmuta en algo extravagante, anormal, definitivamente fuera de lugar.

Por eso este séptimo episodio de BRMU Bizarra, dedicado al cómic (tan culpable de extender el concepto foráneo de lo bizarro), arranca volviendo a un tebeo al que el tiempo ha recubierto no solo de sabor añejo, sino de un desapego brutal hacía lo que promovía. Nos referimos al tebeo de la Falange: Flechas y Pelayos, el tebeo como aceite de ricino ideológico con que purgar las tiernas mentes infantiles de nuestros abuelos y padres.


Las dos caras: ensalzando a Franco, y denostando
a las Brigadas Internacionales

Disipamos el desagradable sabor del ricino, y para ello removemos en nuestro fondo de armario (están guardados en compactos) de la Comicteca; para rescatar títulos señeros del cómix underground español más contestario, y conscientemente bizarro. Gritos impresos contra el inmovilismo de tantas de décadas de pobreza moral,  que dieron sus mejores frutos a final de los 70, y durante los movidos 80.



Titulos señeros como Makoki, Cairo o Totem, de los que hemos seleccionado algunas de las portadas más impactantes, pero ni mucho menos las más bizarras; porque de publicarlas aquí, nos cerraban el chiringuito con toda seguridad.



Para quien haya echado un vistazo a la serie de TV, Spartacus, la estimulación de los instintos más bajos en que se sustenta de forma tan descarada, no resultará nada nuevo para quien leyera títulos como 1984 o Metal Hurlant, en los que la violencia, la ciencia-ficción y el sexo más directo, se daban la mano con el más subversivo de los ánimos:



Y si quitamos la excusa cultureta en que se apoyaban muchos de estas revistas, nos encontramos con un sinfín de títulos directamente pulp, que no disfrazaban con coartadas intelectualoides su oferta:


Afortunadamente, la evolución del cómic está reclutando cada vez más lectoras para un tipo de publicación, históricamente masculino (tanto en autores como lectores), y precisamente por ello, pocos medios han recogido más libremente el imaginario erótico masculino que el cómic. Se les podrá culpar de explícitos, de rijosos, de mal gusto, pero nadie podrá acusarlos de deshonestos [para abordar el papel de la mujer en el cómic, no perderse el último número de Tebeosfera]



 Y en tiempos convulsos, seguimos haciendo memoria para cerrar con una histórica portada de El Papus, en la que se hacía el corte de mangas, más sentido y reivindicativo, frente a los intransigentes y fanáticos que perpetraron un brutal atentado contra la redacción de la revista en 1977, y que se rememora en este interesante documental.