miércoles, 6 de junio de 2012

¿Para qué sirve una biblioteca?


Las Crónicas marcianas de Bradbury y el cinismo de Roth

Dos escritores, dos noticias. El Premio Príncipe de Asturias de las Letras para el excelente Philip Roth, el mismo día que fallece el visionario talento literario de Ray Bradbury. Buscar similitudes o analogías entre sus obras sería un ejercicio de funambulismo en el que no vamos a caer; pero en cambio, buscar referencias sobre bibliotecas en su obra, o declaraciones, nos puede dar mucho juego.

Por el lado emotivo, las palabras de Bradbury sobre la importancia de las bibliotecas:

"Las bibliotecas me criaron", declaró hace años Bradbury en una entrevista. Su mítico Fahrenheit 451 lo escribió en una máquina de escribir alquilada, en el sótano de la biblioteca de la UCLA. Por lo tanto, declaraciones como ésta no extrañan lo más mínimo:

"Yo no creo en los colegios y universidades. Creo que en las bibliotecas porque la mayoría de los estudiantes no tienen dinero. Cuando me gradué de la escuela secundaria, fue durante la Depresión y no teníamos dinero. No pude ir a la universidad, así que fui a la biblioteca de tres días a la semana durante 10 años ".

Como contrapunto, en el corrosivo análisis de la condición humana que Philip Roth ha degranado en su abundante y apasionante obra, nunca ha renunciado a un humor vitriólico del que rescatamos esta frase de su obra El teatro de Sabbath:


"Todo el mundo se masturba en las bibliotecas, para eso están...”

Ejem, bien. Dos visiones en torno a las bibliotecas que incluso podrían ser complementarias, aunque francamente en la Regional preferimos fomentar la experiencia de Bradbury, y evitar en lo posible la sentencia del protagonista de Roth.

Lo que nunca evitamos es la lectura de estos dos geniales creadores, para así no convertirnos en aquellos a los que interpela Iván Ferreiro en este contudente homenaje a la novela de Bradbury. No cabía mejor homenaje: la obra de Bradbury en el título, y el espíritu iconoclasta de Roth en cada estrofa.