jueves, 24 de mayo de 2012

Literatura porno para mamás

Mamis porno, así han bautizado a las lectoras fans de la trilogía

La que se está montando en las bibliotecas estadounidenses con la trilogía Fifty Shades of Grey (50 sombras de Grey) de Erika Leonard James, es tan desproporcionado como ridículo, pero al menos, sirve para plantear cuestiones que pueden resultar interesantes.

En Internet suben las apuestas,
 Ian Somerhalder acumula puntos para
ser Grey en la gran pantalla
La polémica viene servida por el veto que muchas bibliotecas públicas están haciendo de este best seller erótico que arrasa en las listas de ventas. Esta pseudo novela rosa  repleta de erotismo y relaciones sado-maso entre un millonario y una estudiante, está escrita por una neófita en la literatura, y lleva meses desatando encendidos debates sobre la conveniencia de que esta obra esté en bibliotecas públicas.

Las bibliotecas que la han censurado, alegan que no es tanto por la temática erótica, sino por lo mala que es literariamente; en cambio, otros sacan el tema de madre (algo tan habitual por parte de los medios sean de donde sean) y plantean si el erotismo debe estar presente en las bibliotecas.

La recreación idealizada de Hamilton de la adolescencia:
¿celebración de la pureza o sospecha de pederastia?
El tema como siempre dependerá de quien lo aborde, sin ir más lejos hace pocos días, en la Regional, un padre nos advertía sobre la necesidad de retirar un libro de fotografías de David Hamilton, por el hecho de incluir desnudos de adolescentes.

Siguiendo esta lógica, ¿deberían los museos censurar tantas y tantas obras de la pintura universal que hacen del erotismo más turbador su razón de ser?

En las colecciones de la Regional hay literatura, libros de fotografías, cine o cómic erótico, y nunca se nos ocurriría censurarla. Se va cayendo por sí sola de las estanterías cuando la criba felizmente inflexible (en este caso) del tiempo, termina por convertirlas en material de desecho por falta de calidad artística.

Pero nunca se caerán de nuestras estanterías, las obras de Henry Miller, el marqués de Sade, D. H. Lawrence, Milo Manara, Passolini, Robert Mapplethorpe, Anaïs Nïn o Helmut Newton, por poner algunos ejemplos.

El escándalo como siempre está servido, para quien se quiera escandalizar.