miércoles, 21 de septiembre de 2011

Crímenes bibliotecarios


Y seguimos con intrigas, pero de menor calado poético que en la entrada de ayer. Las bibliotecas siempre han sido escenarios idóneos para ambientar la escena del crimen en cualquier novela de misterio decimonónica. Pero los delitos que referimos en esta ocasión, aunque no exentos de ingenio, no alcanzan tales niveles de exquisitez.
Partimos de una noticia sobre la Biblioteca Nacional de Perú, de la que han desaparecido durante los últimos años más de 900 libros y documentos, lo que ha llevado a su director a denunciar la existencia de una organización criminal que opera dentro de la Biblioteca, probablemente robando libros valiosos que luego venden en el mercado negro.

Son tantas las historias en este sentido que sería necesario una serie dedicada ex profeso a esta temática, pero nos vamos a limitar a recordar casos tan nombrados como la reciente desaparición del Códice Calixtino del Archivo Catedralicio de Santiago de Compostela, o los mapas sustraídos en la Biblioteca Nacional hace unos años. Aunque quizás lo más cercano a una de esas novelas de intriga y crimen sea el caso del supuesto investigador húngaro, que en el 2009 desplegó toda una estrategia de hurtos por bibliotecas de toda España, que tenía convenientemente señaladas en un mapa. Bibliotecas de hasta 30 ciudades españolas se incluían en su plan maestro, antes de seguir ruta por bibliotecas portuguesas. Afortunadamente sus planes fracasaron cuando ya llevaba sustraídos 67 mapas y tratados de geografía de los siglos XVI y XVII de seis bibliotecas. Mientras, su novia dominicana, que le acompañaba en sus viajes, se dedicaba a hacer turismo.


Claro que si de tramas de intriga y misterio tipo Agatha Christie hablamos, no podía faltar una ambientada en la propia Inglaterra. El caso del millonario iraní Farhad Hakimzadeh, un respetabilísimo bibliófilo, director de la Iranian Heritage Foundation (organización destinada a preservar la historia y cultura iraní), que durante siete años llegó a sustraer hasta un total de 842 documentos, algunos de valor incalculable, y llegó a mutilar unos 150 pertenecientes a los fondos de la prestigiosa Biblioteca Británica, y de la Biblioteca Bodleiana de Oxford. Todos localizados por Scotland Yard entre los numerosos volúmenes de la extensa biblioteca de su lujosa mansión.
 Y para cerrar esta sucinta crónica de crímenes y bibliotecas: la noticia que hace unos días, informaba de la obra más robada cada año en las bibliotecas estadounidenses; que no es otra que el Libro Guiness de los records. En nuestra biblioteca, quizás algún día nos decidamos también a contar cuáles son las obras más “desaparecidas”, de momento un aperitivo: Cómo hacer bien el amor a un hombre y Cómo hacer bien el amor a una mujer, ocuparían algunos de los puestos más altos en nuestro ranking.

Tanto en el caso norteamericano, como en el nuestro (siendo totalmente reprobables, y sin prejuzgar las carencias amatorias de nuestros visitantes de manos largas), si en vez del chafardero libro Guiness de los records, o los libros de técnicas amatorias, hubiesen optado por obras de Thomas Mann, Philip Roth, Shakespeare, Proust o Paul Auster (por poner unos ejemplos), al menos podríamos decir que el crimen era por amor a la buena literatura y la cultura. 
Pero siendo las obras objeto de su deseo las que son: solo cabe responder a la pregunta que tan arrebatadoramente hace Sade en esta actuación, que se trata decidida y simplemente de un crimen.