martes, 19 de abril de 2011

Extras del Pack Pulsión


Pulsión: en psicoanálisis, energía psíquica profunda que orienta al comportamiento hacia un fin y se descarga al conseguirlo. Esta entrada del diccionario de la RAE acota bien nuestro propósito en este pack, y aunque se decante en principio por la pasión amorosa, no deja fuera otras pulsiones tan tumultuosas o más que el propio deseo de amar a otra persona.

Para empezar con una sonrisa en la boca, rescatamos un clásico del cortometraje español: El columpio dirigido en 1992 por Álvaro Fernández Armero (Goya 1993 al mejor cortometraje), o cómo resumir una historia de amor en poco más de 7 intensos minutos:



La misma pulsión (pero en distinto tono) anida en la historia de amor entre una ama de casa de la América más profunda y un fotógrafo de National Geographic, que sólo un clásico y lacónico creador como Clint Eastwood, podía convertir en una historia creíble sin (casi) caer en el sentimentalismo. La escena en cuestión que recordamos, es una de las más hermosas que el cine ha dado para expresar esa pulsión por la que se está a punto de dejarlo todo. Una escena memorable aún para los detractores del histrionismo de Meryl Streep, y el romanticismo made in Hollywood:





Seguir repasando obras, secuencias o historias que el cine, o la literatura han dedicado a la pulsión amorosa, sería inabarcable. Por ello, cerramos el apartado con un recuerdo para dos películas, una clásica y otra más actual, que recreaban magistralmente esta pulsión: Breve encuentro de David Lean, y Herida de Louis Malle. Dos incursiones libres de la
cursilería acartonada de un 14 de febrero de gran almacén.

Como reverso oscuro a la pulsión amorosa, nos encontramos con su negación: el ansia por destruirse a uno mismo. El grupo Massive Attack (presente en el pack Revolución), dedicó un precioso tema a este deseo, cuyo vídeo transmite como pocos la sensación que se siente estando al borde del abismo:



El amor, el odio, el deseo, la codicia, la lujuria, todas las pasiones basculan entre eros y misos, entre la llamada a la vida, y la aniquilación, y nadie mejor que
Jesús Ferrero para analizarlas fuera de cualquier enfoque moralista o religioso, en Las experiencias del deseo (Premio Anagrama de ensayo 2009), y sobre el que habla en la entrevista que recuperamos aquí.

Esa tensión entre creación y destrucción es la que anida en muchos creadores. Y quizá, ningún estilo musical se ha aureolado más con ese tóxico romanticismo, que el blues y sus géneros adyacentes. En el 2009, con tan sólo 59 años desaparecía Willy de Ville, una de esas figuras que representaba como pocos ese malditismo que parece condición sine qua non de las voces que estremecen a las audiencias. En esta actuación que recuperamos, el desgarro y la dulzura se hacen uno, gracias a este maravilloso dueto entre la lolita Vanessa Paradis y el bucanero De Ville:



Y por concluir estos extras que podrían eternizarse inagotables, una de las fotografías más vendidas y reproducidas de la historia: El beso del hotel de Ville de Robert Doisneau. La pulsión en estado puro, el impulso capturado por el artista en un momento fortuito, el deseo apresado al vuelo…., hasta que en los años 90 dos impostores saltaron a los medios proclamándose como los protagonistas de la foto, y el hecho obligó a Doisneau a contar la verdad: que en realidad eran dos actores contratados para simular ese momento de auténtica pasión.

Y es que quizás, la única manera de transmitir el momento del arrebato pase forzosamente por la impostura. Un erotómano como Vicente Aranda ya lo practicaba en sus películas para las escenas de sexo, con el truco de la cama vertical. Sus actores simulaban el acto amoroso contra una pared que simulaba un lecho, sólo de esta manera se podía fotografiar a los cuerpos de la manera más favorecedora, de manera que los espectadores nos identificásemos con ellos, al pensar que nuestros arrebatos son igual de estéticos vistos desde fuera, y no un desorden de carne zarandeada por una pulsión.