lunes, 5 de diciembre de 2016

Cómics con aura

Hace ya un año de Bibliofrki, y ya parece que hace un siglo
de tanto como lo echamos de menos


Facebook no ha parado de recordarnos durante esta semana que hace un año que celebramos Bibliofriki. Confiamos que en 2017 podamos volver a programar una nueva edición, pero mientras tanto nos vamos entreteniendo con la reciente remodelación de la Comiteca que aún guarda varias sorpresas en la manga (manga de vestir, que no de cómic).

Pero nuestra antena friki nunca descansa. La última noticia que une el universo Bibliofriki con las últimas tecnologías son la gama de juguetes tecnológicos que han desarrollado entre Disney y la compañía Sphero. Desde el pasado 30 de septiembre están en el mercado las pulseras denominadas Force Band, con las que es posible controlar mentalmente cual Jedi diferentes objetos.

Force Band, la pulsera que 
te da la Fuerza


Desde el redondo robot de la última entrega de la saga, BB-8 hasta espadas láser; pero la mejor adaptación práctica del poder de la Fuerza ha sido el hecho de adaptarlo al hogar. De esta forma cual Obi Wan Kenobi, o Lord Darth Vader (según nos posicionemos a un lado u otro de la Fuerza) es posible controlar pequeños electrodomésticos caseros, e incluso abrir las puertas sin ni siquiera rozar el pomo. Todo ello es gracias a la tecnología IFTTT que transforma a las pulseras hasta ahora ideadas para hacer el friki, en auténticos mandos a distancia con los que controlar dispositivos mediantes gestos.




I am your father, el documental friki sobre
el actor bajo la máscara de Darth Vader

 ¿Quién cuando ha sido crío no ha soñado con algo así? Pero los bibliotecarios sin ser precisamente críos (al menos físicamente, mentalmente ya es otra cosa) nos encantaría algo así en nuestro trabajo diario. ¿No habrá forma de incorporar la susodicha tecnología en los libros para que así los pudiéramos colocar a través de la Fuerza? Existe el RFID (la radiofrecuencia) con la cual se supone que cuando lo tengamos todo activo, la mayoría de nuestras colecciones ya están radiofrecuenciadas: podremos detectar si un documento está mal colocado. Pero no, lo que queremos es magia, como la de Mary Poppins de los niños recogiendo la habitación, o la bruja novata dándole vida a las armaduras en la batalla final. En fin, ¡cuánto daño ha hecho el cine, la televisión y los cómics!

En la relanzada Comicteca de la BRMU por supuesto tenemos todos los cómics de Star wars (o pocos faltan) pero aún nos queda por practicar y controlar algo más la Fuerza. Por eso de momento nos quedamos con algo más cercano, pero no por ello menos alucinante. Estamos experimentando con la realidad aumentada para añadir"valor añadido" a algunos comics, y que la visita a la Comicteca vaya acompañada de algo más que el placer de leer las viñetas.


El Little Nemo que da la bienvenida a todo al que se acerca a nuestra Comicteca


Si quien da la bienvenida a la misma es la edición facsímil en gran tamaño de Little Nemo (expuesta en un atril) resulta oportuno que algunos cómics lleven a ese mundo de los sueños incluso antes de abrirlos. ¿Tendrían en mente los creadores de la aplicación de realidad aumentada, Aurasma, el concepto de aura de la obra artística que desarrolló Walter Benjamin?

Según el filósofo alemán la obra artística perdía su aura ante el empuje de la técnica y la reproducción en serie que inventos como el cine o las grabaciones sonoras impusieron a principios del siglo XX. De este modo la creación artística llegaba a las masas a costa de perder su carácter de experiencia única y exclusiva; de extraviar por el camino de su reproductibilidad técnica todo el ritual que la hacía única. Y esto lo decía a principios del siglo pasado, ¿qué diría hoy día cuando los conceptos de original y copia han perdido todo el sentido?

Pues bien, sería toda una blasfemia decir que el aura que a partir de ahora van a llevar algunos cómics de nuestra Comicteca, gracias a la realidad aumentada: suponga una recuperación de ese aura al que se refería Benjamín, pero lo que no resulta nada osado es decir que sigue el signo de los tiempos.



En breve, descargándose la app gratuíta de realidad aumentada Aurasma, cualquiera que tenga un smartphone podrá descubrir los secretos que guardan algunos cómics selectos de nuestra Comicteca con sólo enfocar sus portadas.

Manténgase atentos a sus viñetas/pantallas, en breve la Fuerza del noveno arte se verá ampliada en sus pantallas móviles. Mientras tanto para ir abriendo boca, hemos "enriquecido" el delicioso cómic Una chica Dior con nuestra Pasarela BRMU, y aquí está la prueba:







Nota. Si quieres probarlo sin esperar más puedes hacerlo aquí mismo en el blog. Puedes bajarte la aplicación Aurasma (en Google Play) no hace falta registrarse. Localizas la cuenta comictecabrmu y te haces seguidor, y una vez hecho: enfoca con la pantalla de tu móvil la portada del ejemplar de Una chica Dior que tenemos en nuestra Comicteca, y aparece debajo. La primera experiencia de realidad aumentada de la BRMU surgirá en la pantalla de tu móvil.





lunes, 21 de noviembre de 2016

El camino al infierno está pavimentado de buenos libros


El actor y modelo Huang Xiaoming promocionando el bookcrossing en el metro de Beijing:
¿interés por la cultura o postureo máximo?



Uno (y quien dice uno dice todos los implicados en el asunto) se devana los sesos intentando promocionar la lectura, romper las barreras para hacer que los libros lleguen a sus lectores, ingeniando campañas y acciones para que no se diga que no se lee. Y luego va la realidad y te desbarata los planes.

Es lo que les acaba de pasar a una sociedad afincada en Beijing que en un intento por promocionar la lectura han querido emular la iniciativa de la actriz Emma Watson. Hace unas semanas se hacía viral (¿hay algo que no sea viral en estos días?, bueno sí lo de siempre: el pensamiento inteligente) la noticia de que la que fuera protagonista femenina de las aventuras de Harry Potter había diseminado libros por estaciones de metro de Londres en un bookcrossing que las bibliotecas llevamos practicando desde hace mucho, pero que algunos medios parecieron descubrir por primera vez con esta noticia. En fin, ponga a un famoso en su vida.


Emma Watson de incógnito en el metro de Londres


Xu Jinglei, otra de las celebridades
chinas que han promocionado la
campaña

Pero a lo que íbamos. The Fair, que así se llama la sociedad, repartió libros en los asientos de los vagones de metro de la capital china esperando que los viajeros disfrutasen de las lecturas que encontraban camino de sus destinos. Concretamente más de 10.000 libros distribuidos en el metro, en paradas de taxis y aeropuertos de las ciudades de Biejing, Shanghai y Guangzhou. Estrellas chinas como el actor y modelo Huang Xiaoming o la también actriz y directora de cine Xu Jinglei apoyaron con su imagen la campaña; las principales editoriales del país se sumaron al proyecto: pero tras tanto esfuerzo los resultados no han terminado siendo los deseados.

¿Cuál ha sido el fallo?: que los viajeros entendían al ver los libros sobre los asientos que se trataba de propiedades de otros viajeros que reservaban plaza en los vagones, con lo cual no se atrevieron a sentarse, ni mucho menos a cogerlos para leer. Las protestas no tardaron en darse, y muchos libros terminaron apilados junto a las papeleras de las estaciones.

Déjame en paz, la exitosa novela del
"enfant terrible" de la literatura china
Murong Xuecun

A nosotros nos recuerda mucho a lo que pasa en nuestras salas en épocas de exámenes. El despliegue
insolidario de apuntes, libros y demás objetos ocupando plazas vacías que nos proporciona no pocos quebraderos de cabeza a los bibliotecarios. Pero volviendo a lo que nos ocupa, una pena que en la que se está postulando como primera potencia mundial del XXI una campaña masiva a favor de la lectura tenga resultados tan poco alentadores. Como ha declarado el escritor chino Murong Xuecun, sus compatriotas están inmersos en una economía de mercado salvaje en la que la lectura no cotiza precisamente al alza entre sus intereses. El placer de la lectura no parece figurar entre sus intereses más inmediatos.

Tras el triunfo de Trump, el Brexit y el auge de los populismos, sólo faltaba el desinterés por la lectura de los habitantes del nuevo imperio para terminar de confirmar el estatus de profetas de Golpes Bajos con sus malos tiempos para la lírica. 

Imagen del gran ojo que protagonizará la fachada de la biblioteca de Tiajin
(mientras que no sea el ojo del Gran Hermano todo irá bien)



Pero no caigamos en el derrotismo, puede que la campaña de bookcrossing haya fallado, pero otras noticias procedentes del país asiático. En la ciudad china de Tiajin se va a construir una gran biblioteca de 34.200 metros cuadrados cuya fachada simulará un enorme ojo, los libros se ordenarán en estanterías adaptadas en forma de terrazas que simularán el aspecto de un paisaje topográfico; y en el centro del espacio un auditorio que dará una visión de 360º de la construcción. Según los arquitectos holandeses encargados de su diseño se trata de crear un espacio social orgánico. Así que después de todo puede que la campaña en el metro haya fallado, pero la lectura y las bibliotecas no tengan la batalla perdida en el que puede convertirse en el nuevo imperio mundial. 



Vista del interior de la gran biblioteca que se inaugurará en 2017


Desde luego si aplicaran la misma disciplina y dedicación que los jóvenes de la escuela de lucha para niños Shaolin Tagou que aparecen en el último vídeo de Genera8tion con M.I.A.: no cabe duda de que el futuro pintaría un poco menos negro. Tal vez si fuera con libros el imperialismo chino conseguiría resultar algo más amable a la hora de colonizarnos. Pero vamos a callarnos ya; que una vez más estamos pavimentando el camino hacia el infierno de buenas intenciones.








miércoles, 9 de noviembre de 2016

Eligiendo tu destino: la vida no es un videojuego




En El juego de Hollywood, el personaje interpretado por Greta Scacchi desconcertaba al alto ejecutivo de la industria del cine que interpretaba Tim Robbins, al confesarle que ella no iba nunca al cine, ni veía películas, que prefería vivir la vida real y no vivir por delegación (más o menos, no es el diálogo exacto pero sí el sentido). Hoy día la pintora que encarnaba Scacchi en esa película de 1992 sería aún más marciana de lo que resultaba entonces.

Aquí estamos deseando tener una sala (y colección) de videojuegos, pero no por eso comulgamos con convertir la evasión en el centro de nuestras vidas. Se habitúa uno a evadirse, a despegarse de la realidad, a destruir villanos y criaturas infernales a través de la pantalla, y mientras tanto los monstruos reales siguen implacables medrando para hacerse con el mundo real.


Escena del documental Farenheit 9/11 de Michael Moore, 
en la que un soldado norteamericano en Irak muestra los cascos que lleva
para escuchar heavy a todo volumen durante las batallas.
La realidad imitando a los videojuegos.



Por eso nos interesa, y mucho, la compañía finlandesa de desarrollo de videojuegos Remedy Entertainment. Esta compañía está detrás de una innovación en el mundo de los videojuegos que nos reafirma en lo que en la BRMU pensamos cuando queremos incluirlos en nuestra oferta. Con su juego Quantum Break han dado un paso más allá en esto de convertir en toda una experiencia el hecho de jugar digitalmente. El juego supone un nuevo acercamiento al entretenimiento transmedia tan en boga. Combina partes rodadas en imagen real con las digitales del videojuego, y es el jugador el que decide el argumento según tome unas decisiones u otras.

Se trata de un juego de acción, aún no sabemos hasta qué punto podremos sacarle jugo para nuestras aviesas intenciones bibliotecarias; pero cumple lo que ya es un clásico: una escena ambientada en una biblioteca. Va siendo hora de que vayamos haciendo recuento de las escenas bibliotecarias detectadas en videojuegos; y eso que no lo hemos hecho adrede simplemente nos hemos ido topando con ellas.


La biblioteca de Gears of war antes de saltar por los aires


En Biblioteca gore era la del juego Gears of war, en Videojuego de biblioteca era el juego de los Cazafantasmas, y en Perpetuando estereotipos, destrozando bibliotecas no era un videojuego sino la película de Spiderman, pero el resultado era el mismo: ambientar escenas en bibliotecas para destrozarlas con saña.

A ver que no nos vamos a poner ahora tiquismiquis, que se trata de acción trepidante y de entretenimiento sin más, pero también podían utilizar el escenario bibliotecario como en tantas películas de aventuras: como lugar del que partir hacia la aventura por descubrir secretos que esconden sus estanterías. Ahora que se ha celebrado una Jornada sobre futuros profesionales en la Biblioteca Nacional, es el momento de proponerles finales alternativos a los creadores de videojuegos, que cuenten con los bibliotecarios; después de todo somos los que convivimos día a día con todas las historias del mundo.


No es un lector de RFID (etiquetas de radiofrecuencia que ponemos en las bibliotecas).
Es un detector de residuos ectoplamásticos en la escena de la Biblioteca de Nueva York
 en el videojuego de Los Cazafantasmas



Cualquier cosa antes que alienarnos fascinados por la irresistible tentación de destruir por destruir. Si se usaran más las bibliotecas cosas como el auge de los populismos no pasarían con tanta facilidad. Por eso apoyemos los videojuegos, disfrutémoslos, que salgan muchas bibliotecas en ellos, pero que el objetivo no sea siempre hacerlas saltar por los aires. Es más dificil construir que destruir, menos impactante, menos sencillo: pero a la larga es el único camino posible para progresar.








lunes, 31 de octubre de 2016

puZle 2016 [septiembre]

Rómpete la cabeza pinchando en las letras verdes


Quedaría bien resumir el mes de septiembre en el blog con un clásico como El final del verano del Dúo Dinámico, pero sonaría impostado. ¿Quién en Murcia puede cantar con convicción algo así cuando los termómetros han rondado en octubre los 30 grados?

En esas circunstancias seguir guandando la ropa interior en el refrigerador, como hacía Marilyn Monroe, no es ninguna tontería. Con Marilyn y su lencería bajo cero empezábamos el mes, y nos servía para presentar la colección verano-verano de ropa interior bibliotecaria. Un desfile de libros refrigerados y frases bibliotecarias impresas en braguitas y calzoncillos que puede servir como demostración empírica de que Leer es sexy (los cuerpos que los luzcan también son un factor a tener en cuenta para que eso sea así).

Pese a empezar tan obvios (es lo que tiene el calor) enmendamos un poco la cosa poníendonos románticos; pero sin pasarse porque: ¿puede ser realmente romántico el reggaeton? Romántico, romántico no sabemos, pero que sirve para fomentar la lectura de poesía lo descubrimos en: ¿Qué es poesía? Poesía eres tú perreando reggaeton.



Con tanta agitación poético-libidinosa-musical nos vino bien saturarnos de azules. Azul mar, azul cielo, azul pitufo, azul de Kieslowski, azul de Terciopelo azul, azul como un color cálido...  Nos envenenamos de azules en un post que, aunque quede mal decirlo, nos quedó de lo más cool.




Y no sabemos si cool o fachoso, pero el post que más visitantes atrajo fue uno con vocación de espejo; de espejo de feria concretamente. Nos atrevimos a poner espejos de feria, de esos que te deforman, que te reflejan ridículo o monstruoso. Y ¿a quiénes pusimos delante de los espejos? Pues a todos los murcianos, así en bloque, y estudiamos detenidamente si nos merecemos o no la imagen que nos devolvían. Fue en ¿La BRMU como biblioteca de un nuevo Lepe? un repaso a unos cuantos estereotipos clásicos y renovados en torno a los murcianos que parece que están conociendo un rebrotar inédito en las redes, y que pueden convertir a Murcia en la protagonista de un chiste infinito.




Y en consonancia con los aires marinos del mes (el color azul, el reggaeton, el final del verano, el calor, los chistes) cerramos el mes encendiendo el faro. Concretamente el Faro de la Comicteca, una insinuación de lo que está por venir en la BRMU este otoño, si es que acaso se gana ese nombre la estación este año.

sábado, 29 de octubre de 2016

La calle es nuestra


"La calle es mía", tras el debate de investidura arrancar con una frase como esta puede sonar provocador, pero tranquilos, no vamos a hablar de política, ni siquiera de urbanismo. El tiempo hace que todo se desvanezca, y es necesario recordar el sentido que tenía esta frase cuando Fraga Iribarne la dijo allá por 1976. Los resabios franquistas de la misma no es necesario evidenciarlos mucho, pero lo que sigue sorprendiendo es su actualidad.

El espacio público como espacio político está más disputado que nunca ahora que los populismos (vengan del signo político que vengan) están en auge y se postulan para defender los intereses comunes. Y ante este panorama, ¿por qué no hacerlo también las bibliotecas?




La hipotética toma de las calles por parte de las bibliotecas sería algo parecido a la acción artística urbana del colectivo artístico Luzinterruptus. Este grupo de artistas basan sus intervenciones en sembrar el asfalto urbano con objetos iluminados de lo más dispar. Iniciaron sus actividades en el 2008 en Madrid, interviniendo espacios urbanos con objetos iluminados que denuncian problemas de los ciudadanos que las autoridades no atienden.

Sus intervenciones se consideraban ilegales, puesto que no pedían autorizaciones municipales para hacerlas (su frase: "Dejamos nuestros destellos de luz encendidos... para que otros nos los apaguen...", lo dejaba claro). Pero en Toronto, que es donde desarrollaron esta invasión libraria, lo han llevado a cabo con todos los permisos en regla. ¿Perderán la carga de crítica social? esperemos que no, lo que no pierden desde luego es su poder de fascinación.




En 2015 instalaron espacios del Madrid nocturno con tapas de váteres iluminados que actuaban como marcos para páginas impresas. Hubiera sido una buena publicidad para nuestra campaña de ¿Lees en el baño?, o una llamada de atención sobre la porquería en que alguno se empeñan a convertir a la cultura; pero en realidad se trataba de una crítica a la conocida como Ley mordaza.


Afortunadamente su acción en las calles de Toronto no admite otra lectura que no sea la del homenaje, la de la reivindicación del poder de los libros que son los que deberían iluminar las calles, y sobre todo, las mentes.

Un momento, como el actual, en que la guerra de las aceras entre peatones, bicicletas, terrazas y otros artilugios rodantes está protagonizando el debate urbano resulta de lo más oportuno que también los libros tomen las calles.





Literatura versus tráfico, así de titula esta intervención de las calles torontonianas gracias a la cual la letra impresa hacía suyas las calles para entregárselas a los peatones, a los lectores. Nos recuerda a lo que decíamos en nuestro BibliOkupa: "colonizando espacios ciudadanos para que nadie se quede sin cultura", y los 10.000 libros iluminados que tomaron las calles de la capital canadiense, en la Noche blanca del 30 de septiembre, son la mejor representación de este eslogan, y la mejor reivindicación del papel de la biblioteca en el espacio urbano.


En mayo del 68 (ese tiempo en el que algunos siguen instalados) se decía que bajo los adoquines de las calles de París había una playa. Tras la intervención de la francófona Toronto se podría decir por encima del asfalto y del cemento siempre deberíamos tener a la literatura.



Literature vs. Traffic. from lmartinez on Vimeo.


Fuente: Ebook Friendly

miércoles, 26 de octubre de 2016

Vosotras antes molábais





En el mundo de la música pop llega un momento en la carrera de todo grupo o cantante (siempre que no haya sido prefabricado por la industria) en el que tiene que tomar una decisión: seguir siendo minoritario y conservar su aura de íntegro artísticamente según el cliché de lo alternativo, o atender los cantos de sirena de las multinacionales que le prometen una carrera directa al estrellato de masas.


La cada vez más frágil e irrelevante línea entre lo indie y lo mainstream


 A las bibliotecas esa disyuntiva no se les da: o naces estrella o naces humilde, y ríete tú de la sociedad de castas de la India si pretendes ir a más, salvo que sea en la consideración de tus usuarios, gracias al trabajo del día a día de los profesionales que las regentan. Estas cosas no pasan en cambio con unas viejas amigas nuestras: las pequeñas biblioteca libres.

Ellas que nacieron en los suburbios, se podría decir que hasta en el underground, que basaban su existencia en el DIY (Do It Yourself, el "háztelo tú mismo"), que desafiaron ordenanzas municipales en plan okupas para invadir vecindarios,  y se enfrentaron al establishment aburguesado de los gnomos de jardín: ahora se ven tentadas por el demonio de lo mainstream (agobio de anglicismos, oye).


Dos princesas Leia acudiendo a su pequeña biblioteca libre más cercana


Si es que lo de llevar ese libre en el nombre fue una provocación desde el principio, ahora que todos estamos más que vigilados, controlados y monitorizados. Tarde o temprano tenía que llegar quien se apropiara de la idea para fines comerciales, y ese alguien ha tenido que ser un payaso, concretamente Ronald McDonald. Él fue el encargado de inaugurar la primera biblioteca libre bajo la égida de la cadena de comida rápida McDonalds el pasado 8 de este mes en la ciudad norteamericana de Phoenix.

No sólo Donald Trump hace llorar a los niños, hay
más payasos que también provocan el mismo efecto

En anteriores posts hemos pintado a los gnomos de jardín con tintes un tanto siniestros y vengativos en su lucha contra las pequeñas bibliotecas libres, pero nada comparable a los payasos. En plena ola de invasión de payasos diabólicos (ya se han avistado hasta en Badajoz) y acercándose Halloween, lo cierto es que no creemos que las pequeñas bibliotecas libres hayan elegido el mejor momento para fichar por la multinacional McDonalds.

Hace sólo unos días la propia cadena de comida rápida decidía retirar durante un tiempo a su payaso Ronald, ante el auge de los payasos siniestros.

El clown que ha atemorizado a Gijón recientemente


Y es que estudiándolo con detenimiento: ¿quién sale más beneficiado en este trato? Según los últimos datos, más de 45000 pequeñas bibliotecas libres han surgido a lo largo del planeta en los últimos siete años, su aceptación por parte de las comunidades es cada vez mayor, han conseguido hasta el tutelaje de sus hermanas mayores: las bibliotecas públicas, que como contábamos en Acto de contrición las están utilizando para expandir sus servicios. Mientras, la cadena de comida rápida McDonalds pasa por momentos delicados por la competencia tan feroz, las campañas promovidas desde la misma Casa Blanca contra la comida rápida y ahora le faltaba que hasta el Vaticano casi la excomulgue urbanísticamente hablando.




Puede que la multinacional del payaso haya financiado bibliotecas públicas, regalado libros con sus menús, y hasta lanzado líneas editoriales para fomentar la lectura entre los más pequeños. Pero no parece los más idóneo el aliarse ahora mismo con el imperio de la hamburguesa. Menos aún  hablando de fomentar la lectura.

Por nuestra parte no dudamos que la buena reputación que las pequeñas bibliotecas libres acumulan les permitirán mantener su imagen pública con dignidad, pese a estas amistades peligrosas. Pero mucho nos tememos que esto sólo puede terminar de una forma: más tarde o más temprano terminarán abocadas al cliché de lo indie.

Eso lo que hacen alguna estrellas cuando quieren reflotar sus carreras (y sino ahí está Lady Gaga, que de diva pop interplanetaria ahora opta por disfrazarse de indie). Por eso, por la mención a la estrella de Bad romance, los payasos inquietantes y lo de volverse indie: ¿qué mejor que cerrar este nuevo post sobre las little free libraries que con una figura como Klaus Nomi?

Klaus Nomi fue una figura de lo más peculiar. Contratenor alemán, maquillado y vestido como un payaso futurista, mezcló entre las décadas de los 70 y los 80 el pop con la ópera y los sintetizadores en un cóctel inclasificable, que aún décadas después de su muerte, sigue resultando difícil de ubicar y casi tan inquietante como que ver a Ronald McDonald promoviendo la lectura.



jueves, 20 de octubre de 2016

Reivindicando al erotismo desde la biblioteca


La maravillosa Isabella Rossellini en Green porn, un libro y una serie de vídeos cortos en los que aborda la sexualidad animal desde el humor más divertido


La decisión de la revista Playboy de eliminar los desnudos es uno de esos hitos que marcan un cambio de época. De hecho las ventas de la revista, una vez eliminados los desnudos, se han incrementado en un 28%. El director ejecutivo de la mítica revista lo dejaba claro en The New York Times: “Ahora cualquiera está a sólo un click de todo acto sexual imaginable de manera gratuita”.

Una comedia sobre la adicción al porno
y la ardua reconquista del erotismo
Esta renuncia a lo que ha sido su seña de identidad, no ha venido motivada por la censura, ni por la corrección política, ni por el discurso feminista más caduco. No. El motivo ha sido algo tan simple como el hartazgo, la saturación, no de desnudos en la revista, sino de sexo en todas partes.

Recurriendo una vez más a la canción de The Buggles: La pornografía mató a la estrella del erotismo. No podía ser de otro modo cuando estamos viviendo la apoteósis de lo pornográfico. Y no nos referimos a la sobreabundancia de referencias al sexo en publicidad, medios, redes y fenómenos editoriales; sino a la pornograficación de todo en general.

La hija de Ingrid Bergman escenificando la cópula entre caracoles


El exhibicionismo sentimental de los realities, la obscenidad de muchos políticos, la apelación a los instintos más básicos en cierto tipo de periodismo, la crudeza y vulgaridad del guirigay de las redes sociales, la exaltación de los cuerpos anabolizados y recauchutados. Nada, practicamente, queda a salvo de esta glorificación de la pornografía que va mucho más allá de la representación de lo sexual de manera directa, para imponer su dominio en todo lo que nos rodea. De hecho, en comparación, el porno dentro de ese contexto resulta de lo más naíf, y en ocasiones lo más honesto.

El filósofo Byung-Chul Hang lo dice claramente en La agonía del Eros:

"El amor se positiva hoy como sexualidad, que está sometida, a su vez, al dictado del rendimiento. El sexo es rendimiento. Y la sensualidad es un capital que hay que aumentar. El cuerpo, con su valor de exposición, equivale a una mercancia."

La magnífica Shame (2011) o cuando el sexo se
convierte en un infierno
El mercado que todo lo invade no iba a dejar aparte una fuerza tan poderosa como la sexualidad de los consumidores. El bucle eterno de la pornografía con sus mecánicos del placer ajeno representando sin descanso los movimientos de la maquinaria del sexo, es el triunfo absoluto del capitalismo sobre la parcela más privada que le quedaba al ser humano: su deseo, su líbido, su intimidad erótica.

En los años 70 la revolución que supuso una película como Garganta profunda (1972), venía impregnada de los aires contestarios de los años 60. El porno se presentaba como un revulsivo contra el aburguesamiento cultural, y recurría al humor para presentar en sociedad la sexualidad de manera abierta y libre, como nunca antes se había mostrado.

En el contraste entre aquella Linda Lovelace o John Holmes, ingenuos en su tosquedad pornográfica, y el porno industrializado y en serie que eclosiona con internet: se cifra el conservadurismo de una industria que exacerba los estereotipos a gusto del consumidor. No es de extrañar que vayan surgiendo figuras, aquí y allá, que desde dentro de la industria busquen un cambio de orientación.


Colby Keller una estrella del porno nada convencional: antropólogo, comunista y
artista, lo mismo rueda porno que recita a Shakespeare

Uno de los vídeos más virales de las últimas semanas ha sido el de la presentación del Salón Erótico de Barcelona 2016. Patria, así se titula este inteligente spot publicitario que recurre a los temas más candentes de la actualidad para denunciarlos y así erigir a la industria del porno como espacio de libertad y transgresión. Como protagonista del mismo, Amarna Miller, que viene representando un cambio de tendencia dentro de la industria. El año pasado el discurso "revolucionario" le tocó recitarlo a Nacho Vidal.




¿La industria del porno dinamitando la hipocresía de nuestra sociedad amparándose en la legitimidad que le da enseñarlo todo? ¿o un discurso de lo más cínico para vender como libertaria a una industria que manufactura el erotismo, cosifica a los cuerpos y perpetúa estereotipos sexistas según los preceptos más salvajes del mercado neoliberal?







Estando así las cosas no es de extrañar que a los millenials les interese cada vez menos el sexo, y que ahora más que nunca se haga necesario reivindicar al erotismo. Y eso es lo que van a hacer los próximos 3, 4 y 5 de noviembre en Murcia con el primer Festival Erótico Murciano conErótica.

Organizado por dos asociaciones de jóvenes sexólogos, psicopedagogos o neuropsicólogos (Assex y Edisex) incluirá desde talleres a mercadillos, pasando por exposiciones, conciertos, tuppersex o cineforum.

Una iniciativa necesaria y lúdica para que todos (aquí no existen nativos o emigrantes digitales) recuperemos el erotismo, la sensualidad, como una parte esencial en nuestras vidas. Fuera de las leyes del mercado y del embrutecimiento al que quieren someter a algo tan privado como es el deseo de cada uno.



Homer Simpson escandalizado al abrir un libro de Robert Mapplethorpe
en una biblioteca


Un estupendo ensayo sobre el porno
El sexo es puro instinto animal, es la cultura la que lo convierte en erotismo, la que nos distancia de lo animal y lo hace humano. La consecuencia lógica sería que la biblioteca fuera un lugar idóneo para esta recuperación del erotismo como elemento clave de la salud física y cultural de los ciudadanos. Ya hablamos de bibliotecas y sexo en ¿Por qué lo llaman biblioteca cuando quieren decir sexo? Pero la pregunta ahora sería otra: ¿cómo afrontar un asunto así desde una biblioteca pública que atiende a todo tipo de público sin herir ninguna sensibilidad?

En la BRMU de forma tangencial lo hicimos hace unos años. Fue nuestra primera acción artístico-bibliotecaria en 2013: Escandaloso. No trataba directamente sobre sexo, pero la selección de fondos que pusimos en la planta 0 a disposición del público dentro de un espacio acotado, tras una cortina (como solían ubicar las películas porno en los videoclubes de los 80) incluía libros, películas o cómics que habían sido escandalosos en su momento por algún motivo, incluído el sexual. Y no hubo ninguna protesta, ni problema.



Así presentábamos en sociedad nuestra primera 
acción artístico-bibliotecaria en 2013



La solución, como en tantas otras ocasiones, es saber en qué espacio hacer según qué cosas, y a qué público dirigirlas. Ya hemos dicho que la biblioteca del siglo XXI puede y debe hablar de todo, y por lo tanto también debería colaborar en esta reconquista del erotismo desde la cultura. Que su única contribución fuera la de proveer de obras tipo Cincuenta sombras de Grey a los ciudadanos, francamente y sin juzgar los gustos de nadie, sería empobrecer algo tan interesante y necesario.

Y para cerrar, un tema de Cass McCombs que parece hecho a medida de esta reivindicación de lo sensual. Medusa Outhouse nos muestra la parte trasera de la industria del porno, se acerca a sus protagonistas para observarlos como algo más que cuerpos. No los fragmenta, ni los muestra como máquinas bien engrasadas para alienar a su público, sino que les deja espacio para que se muestren vulnerables, frágiles; y una vez confiados, robarles una simple caricia. Probablemente, el gesto más subversivo que se puede hacer en una fábrica especializada en mecanizar al deseo.




Cass McCombs - "Medusa's Outhouse" from Anti Records on Vimeo.